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Poesia T/47 (p. 19) Guillem Viladot


Fiel a la cultura visual de los “nuevos” tiempos, la autora vasca Ainize Txopitea nos ofrece una serie de imágenes-póster y, en cierto grado, poemas visuales, que comparten una temática de actualidad: la violencia. Signo y sino de los últimos tiempos, la violencia social, política, sexual, informativa, callejera, cultural y contracultural se ha convertido en nuestra sombra acompañándonos a todas horas y a todos los lugares.

La autora receptiva a nuestros gritos cotidianos y anónimos, desenmascarando en un abrir y cerrar de ojos, desastres históricos provocados, crea un lenguaje o “Langu(im)age” que es una crónica de mundos desolados y agredidos. Se trata de una crónica visual crítica y de denuncia; una escritura visual de protesta contra la violencia de todo tipo y contra la muerte del espíritu y del arte encasillado en una única disciplina.

La “Cartelería Poética” de Ainize Txopitea consta de 24 carteles y se abre con un epígrafe de Joan Brossa que apunta al eterno “dilema” de la brevedad de la vida y la importancia de captar lo “esencial” en una sola mirada. Ubicando a sus espectadores en esta premisa que tanto han tenido en cuenta los vanguardistas de todos los tiempos, la autora se sirve de un lenguaje fundamentalmente visual.

En una sola mirada a estos carteles podemos percatarnos de la rapidez con la que se emiten y perciben ciertos contenidos anímicos logrando transmitir en una brevedad esencial una serie de sensaciones y emociones vinculadas a la temática de la violencia con una sintaxis verbal mínima centrada en variantes léxicas pero dedicando una gran atención al color y selección de íconos de la cultura popular.

La sintaxis verbal mínima si bien estática adquiere un grado de dinamismo consecuente semánticamente con las imágenes empleadas. Destaca por ejemplo en este aspecto la combinación de sencillos juegos verbales de carácter asociativo y disociativo los cuales a su vez dan cuerpo al contenido visual en el que se insertan. Leamos dos ejemplos en dos carteles diferentes: –M ATAME- y -MATAMATA-.



Se sugieren las siguientes combinaciones léxicas: átame, mátame y mata, ata, ama. Alude la autora a un lugar común en la literatura amorosa y mística de todos los tiempos pero en realidad estos juegos verbales adquieren aquí un tono desmitificador y crítico con relación a la explotación de ciertos estereotipos por los medios de comunicación de masas (cine, propaganda de tipo consumista,). El lenguaje verbal es en esta serie de carteles un elemento recurrente que refuerza el tema central de crítica contra la violencia.

En el aspecto visual la técnica del collage se vuelve funcional con respecto a la temática de la violencia creando un ritmo rápido y agudo o cortante. La técnica de acumulación de elementos en un mismo cartel aumenta el grado de tensión. Además la disimilitud de los objetos e íconos incluidos en los poemas carteles refuerza el sentido de caos y ruido urbano, condición del ser contemporáneo. Otro elemento gráfico compositivo original en esta escritura que enfatiza estos territorios verticales y tensos es la utilización de un fondo de píxeles, cuadrículas, casillas y puntos en blanco y negro. Esto evidencia no sólo una gran conciencia pictórica y técnica por parte de la autora sino también una escritura funcional temáticamente.

Esta escritura destaca también visualmente por el uso recurrente de ciertos contrastes cromáticos – blanco y negro y rojo y negro-. Estos contrastes semantizan visualmente el tema de la violencia. La pasión, el desenfreno, el sexo, la sensualidad (simbolizada en el mito de Lauren Bacal), la sangre, la muerte (los niños gas y la esvástica nazi), el dolor y la incomprensión (Frida), el terrorismo, Irak (Bush), la violencia callejera, voces de protesta anónimas (graffiti), son algunos de los mensajes centrales emitidos en estas imágenes collage.


En el primer poema visual que se nos ofrece “Ser Palabra”, la violencia actúa como arma arrojadiza a nuestros sentidos externos: la vista, el olfato, la boca. La joven del poema no puede hablar, ver ni oler. El poema está desprovisto de color, hablando por su mudez y violencia expresiva. Las tijeras en la boca y nariz y las letras tapando los ojos actúan aquí como lenguaje censor, como aparato omnipresente y represor. Se trata de un poema de urgencia, de pánico, de dolor, de muerte del espíritu. Es un poema en blanco y negro con un fondo de crucigrama, con casillas en blanco y negro a rellenar en el que la juventud y los pasatiempos posan ante nosotros con conciencia de crisis. El mismo concepto de crucigrama es una clave de lectura de toda la “Cartelería poética” a la que nos invita la autora ofreciéndonos un mundo a descifrar en códigos verbo-visuales.

En estos poemas no se acude a la nostalgia sino que se pretende hacer una crónica del espíritu de barbarie que domina en nuestro mundo y de las circunstancias históricas que nos rodean las cuales están cargadas con el signo de la violencia, el vacío, el dolor y la desesperación. La muerte del espíritu y del cuerpo se presenta como resultado forzado, que no fecundo ni natural, cubriendo los casilleros en blanco y negro del crucigrama en el que vivimos.

El tema central de estos carteles no es algo nuevo así como tampoco lo son las técnicas visuales utilizadas por la autora quien con materiales típicos de las artes visuales nos “habla” de algunas de las grandes crisis de nuestro tiempo utilizando la fragmentación y la multiplicidad como elemento ético y estético. Lo que nos ofrece esta escritura no es un paraíso visual o verbal al cual escapar o un locus amoenus sino un espacio reciclable que en cuestión de unos segundos aporta un doble sentido crítico, estético y político, acerca de nuestro mundo dominado por tensiones y vacíos.

La autora siguiendo a Brossa y a otros pioneros de este lenguaje interdisciplinario y mixto utiliza varios lenguajes para producir un mensaje sinestésico y no simplemente verbal o conceptual. Sus carteles huyen de las limitaciones de género, no tienen fronteras para la percepción así nos hablan a los sentidos directamente a través del color, la imagen, la grafía y las palabras.

Como lectura complementaria a su “Cartelería Poética” es preciso ver la página web de la autora, especialmente la sección titulada “Experimental Poetry”: http://www.cyberpoetry.net/web_content/menu.html en el que se nos ofrecen unos poemas visuales cibernéticos, cinéticos, abiertos a variantes léxicas y por lo tanto semánticas pero que necesitan de la participación del lector o lectora. Inicialmente se parte de una matriz de palabras y letras que se activa generando la posibilidad de múltiples poemas y se detiene en el momento deseado al pulsar un botón. En este momento se materializa una posible lectura, un posible poema y se desactivan las otras lecturas, los otros poemas. El tiempo y el espacio son dos factores determinantes de la semántica del poema. La movilidad se ha convertido en una valencia esencial. Detrás de esta producción poética hay principios de la teoría del caos y de la geometría fractal. Hay una concepción intrínseca del funcionamiento del universo como algo abierto y dinámico pero al mismo tiempo con ciertos patrones y orden.

Sin lugar a dudas Ainize Txopitea tiene en su producción poética un amplio repertorio de escrituras visuales, algunas con propuestas artísticas pioneras como la escritura fractal.



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Laura López Fernández
laura.lopez-fernandez@canterbury.ac.nz
University of Canterbury
New Zealand
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